• 24 de ago

El Tomismo en la Teología del Cuerpo

A continuación, se presenta un desglose de las principales categorías ontológicas tomistas que estructuran la Teología del Cuerpo y cómo cada una de ellas aporta de manera decisiva a la comprensión integral del ser humano.

Aunque la Teología del Cuerpo (TDC) es célebre por su lenguaje lírico, su profunda exégesis bíblica y su aproximación experimental y fenomenológica, debajo de esta arquitectura descansa un cimiento invisible pero absolutamente inquebrantable: la metafísica realista de Santo Tomás de Aquino. Cuando Karol Wojtyła abordó los misterios del Génesis, el Sermón de la Montaña y el sacramento del matrimonio, no lo hizo desde un subjetivismo flotante o un sentimentalismo pastoral, sino respaldado por el rigor conceptual de la ontología tomista en la que fue formado.

Wojtyła se negó rotundamente a abandonar la ontología y el magisterio de la Iglesia en favor de las corrientes existencialistas de su época. Por el contrario, su objetivo fue conectar lo especulativo con lo práctico, y lo objetivo con lo subjetivo. Para lograr esta gran síntesis, el futuro pontífice utilizó las categorías estables de la metafísica clásica como el andamiaje racional que sostiene y da validez real a la experiencia humana del cuerpo y de la sexualidad.

A continuación, se presenta un desglose de las principales categorías ontológicas tomistas que estructuran la Teología del Cuerpo y cómo cada una de ellas aporta de manera decisiva a la comprensión integral del ser humano.

1. El Compositum Humanum e Hilemorfismo: El Cuerpo como Expresión del Espíritu

La antropología de Santo Tomás de Aquino adopta la teoría hilemórfica de Aristóteles, según la cual todo ser vivo en el mundo visible está compuesto de forma (morphé) y materia (hyle). En el caso del ser humano, esta composición se traduce en la unidad sustancial e inmediata de alma y cuerpo (compositum humanum). El alma espiritual es la forma sustancial (forma substantialis) del cuerpo, es decir, el principio que organiza la materia y le otorga vida, dinamismo y racionalidad.

Esta categoría ontológica es el antídoto directo que Juan Pablo II utiliza contra el dualismo cartesiano de la modernidad. En la filosofía poscartesiana, el hombre quedó dividido en una substancia pensante (res cogitans) y una substancia extensa e instrumental (res extensa), reduciendo el cuerpo a una mera "máquina" biológica gobernada por leyes mecánicas y a la conciencia a un espectador aislado.

La ontología tomista del compositum permite a la Teología del Cuerpo afirmar que:

  • El ser humano no "tiene" un cuerpo, sino que es su cuerpo: Debido a la unión sustancial, la materia no es un añadido exterior o un instrumento extrínseco de la persona. El cuerpo humano es un cuerpo personal porque está informado por el alma espiritual.

  • El cuerpo revela a la persona: Como el alma es la forma del cuerpo, las realidades espirituales e invisibles del sujeto se expresan visiblemente a través de su materialidad somática. El cuerpo es el umbral que hace tangible la subjetividad inefable de la persona en el mundo real.

  • La Antropología de la Resurrección: Para el tomismo, la inmortalidad del alma es real, pero el alma separada tras la muerte no es la persona completa. La resurrección final de la carne no es un mito poético, sino una necesidad metafísica: la felicidad escatológica del hombre exige la reintegración y perfecta armonía de su naturaleza compuesta de alma y cuerpo.

2. El Suppositum: El Sujeto Ontológico y el Principio de Operari sequitur esse

En la tradición medieval, el supuesto (suppositum o hypostasis) define a la sustancia individual constituida en su propio ser, que sirve de sujeto de atribución para todas sus propiedades y acciones. Santo Tomás hereda la clásica definición de Boecio sobre la persona: «individua substantia rationalis naturae» (substancia individual de naturaleza racional). El suppositum es lo que "subyace" e hilvana todas las dimensiones biológicas, afectivas y racionales de la persona.

Wojtyła asume el suppositum como el cimiento ontológico indispensable sobre el cual descansa toda la experiencia de la persona. Frente a las psicologías o fenomenologías puramente subjetivistas que disuelven la identidad personal en un flujo de impresiones sensoriales o estados de conciencia pasajeros, el tomismo proporciona el anclaje del ser real.

Este concepto fundamenta la famosa máxima tomista: «Operari sequitur esse» (el actuar sigue al ser). En la Teología del Cuerpo, este principio opera en dos sentidos:

  • La acción revela el ser: Para conocer el esse (el ser) del hombre, debemos analizar su operari (su acción consciente). A través de su obrar moral libre, el ser humano se revela a sí mismo como un sujeto espiritual y trasciende las determinaciones de la naturaleza material.

  • De "algo" a "alguien": Mientras que las cosas inanimadas o los animales son simplemente supuestos individuales ("algo"), el suppositum humano, al poseer una naturaleza racional y espiritual, se califica como persona ("alguien"). Esto dota al sujeto de una incommunicabilidad ontológica única y de un señorío sobre sus propios actos.

3. Acto y Potencia (Actus et Potentia): Autodeterminación, Fieri y Perfección Ética

La distinción metafísica entre acto (actus) y potencia (potentia) es la categoría con la que el tomismo explica el movimiento, el cambio y el desarrollo en los seres creados. La potencia representa la capacidad intrínseca que tiene un ser de recibir una perfección, mientras que el acto es la realización o culminación de esa posibilidad. El ser creado posee imperfecciones que se perfeccionan en el tránsito de la potencia al acto.

Wojtyła traslada esta categoría directamente a su teoría de la acción humana (actus humanus) y la aplica con brillantez a la Teología del Cuerpo:

  • El dinamismo de la voluntad: La voluntad humana se define ontológicamente como una potencia o facultad de la persona (potentia) cuyo objeto propio y fin natural es el bien. Al elegir un bien verdadero presentado por la razón, la voluntad pasa de la potencia al acto, dinamizando y perfeccionando al sujeto completo.

  • La Autodeterminación y el Fieri de la persona: Para Wojtyła, el acto humano no es solo una acción externa; tiene una dimensión intrínseca, intransitiva. Cada decisión moral libre recae sobre el propio sujeto (autodeterminación). El hombre está en un continuo devenir (fieri): mediante sus decisiones éticas, se actualiza a sí mismo y se convierte en "más de algún modo" y "más alguien". Se realiza como buena o mala persona en función de la veracidad de su entrega.

  • La integración del cuerpo: El cuerpo humano posee sus propios dinamismos inconscientes, como el somato-vegetativo o el instintivo. El tomismo explica que estas son potencialidades del compuesto humano que la voluntad y el intelecto, fortalecidos por las virtudes, deben asumir e integrar en actos libres y conscientes. La persona "se adueña" de sus impulsos para convertirlos en un lenguaje consciente de amor.

4. Sustancia y Accidente: La Ontología de la Diferencia Sexual y el Cuerpo como Don

En la metafísica clásica, la sustancia es aquello a lo que compete existir en sí mismo y no en otro sujeto, mientras que el accidente es una perfección que solo existe inherente en una sustancia (como el color, el tamaño o las relaciones).

Tomás de Aquino introduce una distinción crucial que Juan Pablo II utiliza para fundamentar la antropología de la diferencia sexual:

  • Accidentes individuales frente a atributos propios: Los accidentes que brotan de la forma (el alma espiritual) caracterizan a toda la especie por igual (por ejemplo, la capacidad de razonar o reír). Sin embargo, los accidentes que provienen de la materia individualizada (materia signata) varían de un individuo a otro dentro de la misma especie.

  • La masculinidad y la feminidad como accidentes ontológicos: De acuerdo con el tomismo, la dualidad sexual (ser varón o ser mujer) es un accidente individual consecuente con nuestra dimensión material y corpórea. Al estar arraigada en la materia informada por el alma espiritual, la diferencia sexual no es un mero rol cultural extrínseco ni una alteración puramente fisiológica; es un modo constitutivo en el que la persona completa existe, se expresa y entra en relación con los demás.

Asimismo, esta ontología de la sustancia y el accidente previene a la TDC del utilitarismo. Al comprender que el ser humano es una sustancia racional querida por Dios por sí misma, se formula el principio personalista: la persona es un bien de tal magnitud que nunca puede ser tratada como un mero objeto de uso (un accidente útil), sino que debe ser afirmada y amada por sí misma en su dignidad inalienable.

5. El Tránsito Metodológico: El "Tomismo Fenomenológico" en Acción

Para que la metafísica estable del tomismo tuviera un impacto real en el corazón del hombre contemporáneo, Karol Wojtyła vio la necesidad de enriquecerla. Aunque Santo Tomás dejó una síntesis de valor incalculable, su aproximación era eminentemente objetiva y cosmológica: situaba a la persona en el mapa de los seres del universo, pero no analizó a fondo la conciencia, la subjetividad ni la experiencia vivida en primera persona.

Por su parte, la fenomenología moderna de autores como Edmund Husserl y Max Scheler se enfocaba de lleno en el sujeto y en su experiencia interior, pero con frecuencia caía en el idealismo o en un subjetivismo desconectado de la realidad objetiva de las cosas.

El aporte definitivo de Wojtyła consiste en unir de forma complementaria ambos mundos:

  1. El análisis fenomenológico le permite sumergirse en la experiencia interior de los primeros esposos en el Edén, descubriendo qué sintieron en su soledad, unidad y desnudez originarias.

  2. La metafísica de Santo Tomás actúa inmediatamente después, realizando una "reducción transfenomenológica" que ancla esa experiencia subjetiva en el ser objetivo.

De esta manera, el "significado esponsalicio del cuerpo" (la llamada del cuerpo a la entrega y la comunión) no se interpreta como una mera metáfora poética o una ilusión afectiva. Gracias al tomismo, se descubre como una verdad ontológica inscrita en el ser de la persona y en su dinamismo existencial, revelando que el hombre ha sido creado a imagen de un Dios que es, en su misma intimidad trinitaria, una eterna comunión de amor.


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https://www.edificatufe.org/blog/categories/tdc-articulos


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